sábado, 18 de febrero de 2017

DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN


Desafíos de la Educación Superior



La Universidad es un espacio privilegiado para el desarrollo de la reflexión crítica, la formación de ciudadanos y profesionales conscientes de sus responsabilidades cívicas y comprometidos con el desarrollo humano y sostenible de su nación. Para ello, el oficio universitario debe inspirarse en los valores democráticos, la inclusión, la interculturalidad y el análisis de la problemática de su contexto para contribuir a la solución de los grandes problemas nacionales. La cultura democrática, como forma de vida, debe practicarse al interior de la Universidad. La comunidad académica debería promoverla hacia su entorno, actuando como agente clave de su vigencia y respeto en el seno de la sociedad.

Las universidades están en posición privilegiada, como sede de la inteligencia del país, para contribuir al diseño de un Proyecto de Nación. Para ello, deberían también propiciar los grandes consensos que sirvan de base a tal Proyecto y a las políticas de estado, de largo plazo, que del mismo se desprendan. Esto conduce a repensar la autonomía universitaria y pasar, de un concepto que se limita a la de defensa de la libertad académica, a otro de presencia activa en el escenario nacional y en la vida social, sin perder su carácter de centro independiente del pensamiento. No olvidemos que las sociedades miran hacia la Universidad en busca de guía y orientación.

Autonomía no significa volver por antiguos fueros medievales. Autonomía y silencio son, en mi opinión, incompatibles. Si la Universidad goza de autonomía es para ejercerla y aprovechar su disfrute de libertad para opinar responsablemente. La Universidad que guarda silencio ante su problemática, menosprecia su autonomía. Sin el ejercicio proactivo de la autonomía se frustran buena parte de los fines más nobles de la Universidad.

Varios analistas coinciden en afirmar que en las universidades estatales de América Latina, uno de los mayores riesgos que corre la autonomía universitaria es la influencia de grupos de poder, afiliados a determinados partidos políticos, que impiden a la institución el cabal desempeño de su función crítica por la identificación de estos grupos con las políticas partidarias o gubernamentales. De esta manera, castran las posibilidades de cultivar en las nuevas generaciones la conciencia crítica y limitan su formación como ciudadanos. Ser ciudadano cabal de una nación es el título más honroso al que una persona puede aspirar. Como lo recomienda la UNESCO, “es ahora importante que los Centros de Educación Superior desempeñen un papel aún mayor en el fomento de los valores éticos y morales en la sociedad y dediquen especial atención a la promoción, entre los futuros graduados, de un espíritu cívico de participación activa”. 



Cobra aquí actualidad el pensamiento de Mariano Fiallos Gil, Padre de nuestra Autonomía Universitaria, cuando afirmaba: “La autonomía es libre pensamiento, libre exposición de ideas, controversia, ejercicio responsable de la inteligencia, discusión sin tabúes de ninguna clase, ya que el objetivo de la Universidad es el de la formación de hombres libres en una sociedad libre”… “Creo en la Universidad”, nos dice Carlos Fuentes, y añade:  “Para que la cultura viva, son indispensables espacios universitarios en los que prive la reflexión, la investigación y la crítica, pues estos son los valladares que debemos oponer a la intolerancia, al engaño y a la violencia”…  “Universidad y totalitarismos son incompatibles”.

2.         Nuevas perspectivas de la pertinencia y calidad de la educación superior.

Pertinencia y calidad son dos exigencias ineludibles de la educación superior contemporánea y de las políticas orientadas a su futuro desarrollo. La Conferencia Regional sobre Educación Superior (CRES-2008), celebrada el año pasado en Cartagena, Colombia, como preparatoria de la Conferencia Mundial, dejó claramente establecido que la obligación, tanto del sector público como del privado, es ofrecer una educación superior con calidad y pertinencia. Además, afirmó que “la calidad es un concepto inseparable de la equidad y la pertinencia”. A su vez, la reciente Segunda Conferencia Mundial (París, julio de 2009), en su Comunicado Final proclamó que “se deben perseguir, al mismo tiempo, metas de equidad, pertinencia y calidad”.

El concepto de pertinencia se ciñe al papel que la educación superior desempeña en la sociedad y lo que ésta espera de aquélla. La pertinencia tiene que ver con la Misión y la Visión de las instituciones de educación superior, es decir, con su ser y su deber ser, con la médula de su cometido, y no puede desligarse de los grandes objetivos y necesidades de la sociedad en que están inmersas ni de los retos del nuevo contexto mundial. Este concepto ha evolucionado hacia una concepción amplia y a su estrecha vinculación con la calidad, la equidad y la responsabilidad social. Y es que la Universidad es una institución cuyo referente es la sociedad y no únicamente el mercado.

Es evidente la interdependencia que existe entre pertinencia y calidad, al punto que podemos afirmar que la una presupone a la otra, como las dos caras de una misma moneda.  En los procesos de evaluación institucional, la valoración de la calidad y de la pertinencia social deberían recibir la misma atención, lo que no ha sido así hasta ahora, por el predominio de la preocupación por la calidad. Los esfuerzos por la pertinencia no han sido tan significativos como los empeños por la calidad.

La evaluación de la educación superior comprende la evaluación de los productos de cada proceso y de los procesos mismos y no se limita al juicio, como algunos pretenden, sobre el diseño y la organización curricular, los métodos pedagógicos, ni a la constatación de si son o no suficientes los recursos disponibles.  Debe ir  más lejos, pues un currículo universitario refleja, o debería reflejar, la concepción que se tiene frente al ser humano, la sociedad y el conocimiento.  La calidad debe, entonces, evaluarse teniendo como referente el grado de cumplimiento de la Misión de la Universidad, tal como ella misma la ha definido.

Corresponde también tener presente la advertencia del educador mexicano Pablo Latapí: “la calidad educativa no debe confundirse con el éxito en el mundo laboral, definido este por referencia a los valores del sistema”. La referencia para medir el éxito deben ser los valores profesados por la Universidad, su misión y su compromiso ético. La acreditación no puede limitarse al cumplimiento de una calidad sin patria. La calidad necesita hundir sus raíces en su contexto. Amén de los parámetros internacionales de calidad basados en las buenas prácticas, la calidad debe también valorarse en relación con la realidad en que los programas están inmersos. De esta manera, la  pertinencia social deviene en la patria de la calidad. Las evaluaciones deben sustentarse en un concepto de calidad construido socialmente. Los procesos de evaluación deben adaptarse a cada institución, pues cada institución es única, tiene su propia historia y una manera muy suya de entender y construir su misión.

Por su carácter multidimensional, en la calidad educativa intervienen varios factores. Sin embargo, cada vez más se acepta que la calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de los docentes y de los estudiantes. Incluso, hay quienes afirman que en el futuro la calidad de los estudiantes será el factor decisivo para apreciar la calidad de una Universidad. Otro factor que adquiere nueva relevancia es la calidad del ámbito educativo y del llamado “paisaje pedagógico”.



3.         Las redes académicas: instrumento clave de la educación superior contemporánea.



Apuntamos antes que los extraordinarios adelantos de las tecnologías de la comunicación y la información tienen un gran impacto en la educación superior contemporánea.  Las comunidades académicas se intercomunican instantáneamente a través de las redes cibernéticas.  La UNESCO presentó en el año 2005 un informe mundial titulado “Hacia las Sociedades del Conocimiento”, en el que se muestra un panorama prospectivo de los cambios que estamos presenciando a nivel global. En este informe se dice que: ”la tercera revolución industrial ha ido acompañada de un cambio de régimen de los conocimientos. A este respecto, cabe señalar el advenimiento de un doble paradigma: el de lo inmaterial y el de las redes”. La Universidad del futuro necesariamente tiene que integrarse a las redes académicas y de cooperación, y participar activamente en el mundo universitario internacional y regional. La integración de todas estas redes de investigadores y académicos en una “red de redes”, conducirá a crear, paulatinamente, una verdadera comunidad universitaria mundial. El Comunicado Final de la Conferencia Mundial sobre Educación Superior 2009, destacó la enorme importancia de las redes académicas en el ámbito de la educación superior y en los esfuerzos conducentes a reducir la brecha entre los países más desarrollados y los en vías de desarrollo.

Las redes académicas y de cooperación científica representan un instrumento valioso para el enriquecimiento de la vida académica en nuestras universidades. Hoy día es muy difícil que un especialista pueda aislarse de la comunidad de investigadores que trabajan su misma disciplina. Por lo tanto, las universidades deben estimular y facilitar que sus docentes e investigadores se vinculen a las redes académicas.



4.         La internacionalización de la educación superior.



La internacionalización de la educación superior es muy antigua, por cuanto la apasionante historia de las universidades nos muestra que estas nacieron para servir a estudiantes provenientes de las diferentes “naciones” de la Edad Media europea.  Es, a la vez, muy moderna, por cuanto la emergencia de un conocimiento sin fronteras conlleva nuevos desafíos para la educación superior. La “Declaración Mundial sobre la Educación Superior para el Siglo XXI” (1998), destacó la internacionalización de la educación superior como un componente clave de su pertinencia en la sociedad actual subrayando que se requiere, al mismo tiempo, más internacionalización y más contextualización. La internacionalización de la educación contribuye a generar un mayor entendimiento entre las culturas y las naciones, al mismo tiempo que pone las bases para lo que más hace falta en la globalización actual: la solidaridad humana y el respeto a la diversidad cultural. La internacionalización de la educación superior es también una contribución a la superación de la crisis epistemológica que vive la educación en la actualidad, que es solicitada, simultáneamente, por los requerimientos tradicionales de la sociedad nacional y los nuevos desafíos provenientes de la sociedad global. Y es que la globalización, paradójicamente, promueve procesos de homogeneización cultural y, a la vez engendra, como resistencia, regionalismos y hasta “tribalismos” exacerbados.

El Segundo Encuentro de la Red Iberoamericana de Universidades (UNIVERSIA) (Guadalajara, México, 2010), proclamó que “la movilidad y la internacionalización forman así parte de las esencias, los desafíos y los propósitos más decisivos para la Universidad del futuro”. Además, el Encuentro abogó por establecer un “Carnet Universitario Iberoamericano”, que permita el uso de los servicios en todo el espacio iberoamericano universitario. También se pronunció por constituir “una verdadera comunidad virtual universitaria iberoamericana”.

La especialista canadiense Jane Knight, señala que “la internacionalización es un sustrato fundamental para la transformación de la educación superior.  Es, sin duda, una educación para formar ciudadanos del mundo, en un planeta cada vez más interconectado, pero, al mismo tiempo, coadyuvar en el fortalecimiento de las identidades culturales”. Hay entonces una primera tensión, la cual debe manejarse desde lo internacional, lo local, nacional y regional con una mirada global, ya que la internacionalización no implica, en modo alguno, pérdida de raíces o de identidades en los diferentes niveles de la sociedad.

No cabe confundir internacionalización con transnacionalización de la educación superior. Esta última conlleva su transformación en un servicio sujeto a las reglas del mercado, con predominio de los intereses de las empresas educativas transnacionales. Mientras en la internacionalización se propugna por una cooperación internacional solidaria, con énfasis en la cooperación horizontal, basada en el diálogo intercultural y respetuosa de la idiosincracia e identidad de los países participantes, así como por el diseño de redes interuniversitarias y de espacios académicos ampliados, en la transnacionalización se trata de facilitar el establecimiento en nuestros países de filiales de universidades extranjeras, de promover una cooperación dominada por criterios asistenciales, y de estimular la venta de franquicias académicas. Incluye la creación de universidades corporativas, auspiciadas por las grandes empresas transnacionales, y las universidades virtuales, controladas por universidades y empresas de los países más desarrollados.  Este nuevo panorama universitario comienza a configurarse en nuestros países y ha hecho surgir voces de alerta por el riesgo que representan para nuestra soberanía educativa e identidad nacional.

Los conceptos claves para resguardar, en un mundo globalizado y de mercados abiertos y competitivos, la autonomía, la libertad de cátedras y los principios esenciales que caracterizan el quehacer universitario, tal como hasta ahora lo hemos conocido, es el criterio proclamado por la Declaración Mundial sobre la Educación Superior (París, 1998), que nítidamente define la educación superior como “un bien público” y el conocimiento generado por ella como “un bien social al servicio de la humanidad”. Este concepto lo ratificó la Declaración del 2009, al asumir la educación superior como “un bien público social”.

5.         Hacia la construcción de espacios supranacionales de educación superior.

A nivel mundial se constata la tendencia a configurar espacios supranacionales de educación superior, siguiendo el ejemplo del Espacio Común de Educación Superior de la Unión Europea. En América Latina se ha avanzado poco en este propósito, pero existe el acuerdo de crear el Espacio de Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Educación Superior (ENLACES). Reunidas en Panamá (6 y 7 de noviembre de 2008) las organizaciones nacionales, regionales y las redes universitarias de América Latina y el Caribe, bajo los auspicios del IESALC / UNESCO, la OUI y la UDUAL, acordaron propugnar la integración regional latinoamericana y caribeña y la internacionalización de la educación superior mediante, entre otras iniciativas, la construcción del Espacio de Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Educación Superior (ENLACES). Convinieron en que la creación de ENLACES “se basa en la cooperación y convergencia, que permitirá potenciar aspectos como la armonización de los currículos y las reformas institucionales, la interdisciplinariedad, la movilidad e intercambio académico, la puesta en marcha de agendas conjuntas para la generación de investigaciones con pertinencia social y prioritarias en el marco de las necesidades de formación de recursos humanos del más alto nivel científico y tecnológico con innovación, la difusión del conocimiento y la cultura, y la oferta de una gama creciente de servicios a los distintos sectores públicos y productivos de nuestras naciones”.

La CRES – 2008 dio un pleno respaldo a la iniciativa de crear ENLACES y señaló los pasos a seguir para que se concrete tan importante propuesta. El Segundo Encuentro Internacional de Rectores de UNIVERSIA, celebrado en la Universidad de Guadalajara el 31 de mayo y el 1 de junio de 2010, se pronunció por la creación de “Un espacio iberoamericano del conocimiento socialmente responsable”.

6.         Nuevos Modelos Educativos y Académicos.

Una tendencia notable en la educación superior contemporánea es la revisión de los procesos de transmisión del conocimiento, lo que ha llevado a revisar los métodos de enseñanza-aprendizaje, trasladando el acento de la enseñanza hacia el aprendizaje y enfatizando sobre el rol protagónico del estudiante.

La cada vez más generalizada adopción de los enfoques constructivistas, los cambios en el rol del profesor, que deviene en un facilitador del aprendizaje del alumno y la adopción de los paradigmas de la educación permanente y del aprender a aprender, han conducido a muchísimas universidades a diseñar nuevos Modelos Educativos y Académicos, así como a revalorizar la importancia de la pedagogía universitaria.

Los especialistas coinciden en señalar que la educación debe promover la formación de individuos cuya interacción creativa con la información les lleve a construir conocimiento. Se trata de promover un aprendizaje por comprensión.  De esta suerte, en cada aula donde se desarrolla un proceso de enseñanza-aprendizaje se realiza una construcción conjunta entre enseñante y aprendices. Al superarse los enfoques conductistas del aprendizaje para dar paso a los constructivistas, el aprendizaje dejó de ser un simple cambio conductual, una modificación de la conducta ocasionada por estímulos internos y externos, y pasó a ser la posibilidad de la autoconstrucción por el aprendiz de un nuevo conocimiento significativo.



El aprendizaje o los aprendizajes representan hoy día la esencia de la Universidad contemporánea. La pregunta es: ¿Qué hacer en la práctica docente para generar condiciones para un efectivo aprendizaje de los alumnos? El constructivismo, precisamente, sitúa la actividad mental del educando en la base de la apropiación del conocimiento. Un conocimiento nos lo apropiamos cuando lo interiorizamos y lo incorporamos a nuestra estructura mental. El docente deviene así en un mediador del feliz encuentro del alumno con el conocimiento. “Educar, nos dice Paulo Freire, no es transferir conocimiento sino crear las condiciones para su construcción”.  Mas, no olvidemos que el proceso de enseñanza-aprendizaje es una unidad pedagógica compartida y creativa. “Aprender a aprender” supone la adquisición de la capacidad de autoaprendizaje al cabo de un período ineludible de aprendizaje con docentes.



Estos nuevos paradigmas educativos y pedagógicos, se fundamentan en los aportes de la psicología y de la ciencia cognitiva sobre cómo aprende el ser humano, y nos conducen a reconocer que el estudiante no sólo debe adquirir información sino principalmente estrategias cognitivas, es decir, procedimientos para adquirir, recuperar, juzgar y usar información.  Lo que determina el aprendizaje no es lo que se enseña, sino de qué manera lo enseñado interactúa adecuadamente con lo que el estudiante ya sabe.



La nueva perspectiva de la enseñanza universitaria como una actividad investigativa, permitirá dignificar la docencia a los ojos del profesor universitario. Todo docente es, o debería ser, un investigador, no en el sentido de que aporta nuevo conocimiento, sino en el sentido de que como investigador pedagógico ha logrado construir sus propios conocimientos en la disciplina que enseña, para comprenderla y aprehenderla y, posee la capacidad didáctica de enseñarla y suscitar el aprendizaje de sus alumnos. 



El Modelo Educativo es la concreción, en términos pedagógicos, de los paradigmas educativos que una institución profesa. El Modelo Educativo debe estar sustentado en la historia, valores profesados, Visión, Misión, filosofía, objetivos y finalidades de la institución. Debe existir congruencia entre el Modelo Educativo y la organización académica de la Universidad, de suerte que puedan alcanzarse los objetivos que persigue el Modelo. El Modelo Académico traduce en organización académica y diseño curricular, el compromiso de la institución con su Modelo Educativo.  La Universidad debe, entonces, prepararse para revisar su estructura académica, a fin de flexibilizarla, superando el esquema de separación rígida entre las facultades, escuelas y departamentos, y propiciando la apertura de una comunicación permanente entre todos estos elementos estructurales.



Los países de la Unión Europea han adoptado estos paradigmas como parte del llamado “Proceso de Bolonia”. Según uno de los arquitectos de los acuerdos de Bolonia, Guy Haug, el nuevo paradigma europeo en el campo didáctico implica un desplazamiento del énfasis en los sentidos siguientes:

-           Más sobre el aprendizaje, y menos sobre la enseñanza;

-           Más atención al estudiante, y menos poder al profesor;

-           Más enfoque sobre las exigencias de la sociedad;

-           Más atención en el desarrollo de destrezas y habilidades, y menos sobre la mera adquisición de conocimientos;

-           Carreras concebidas en el espíritu de aprendizaje a lo largo de la vida, en vez de un enciclopedismo inicial seguido por muy escasas posibilidades de formación ulterior.



7.         Los sistemas  abiertos y la educación superior a distancia.

La educación no se identifica únicamente con la impartida a través de los sistemas formales y presenciales.  En realidad comprende, la educación formal, la no formal y la informal.  Se asiste así a un amplio proceso de apertura de la educación, que rompe con dos condicionamientos: el espacio y el tiempo.  Este proceso también tiene lugar a nivel de la educación superior en diversas direcciones: apertura a cualquier persona adulta, en cualquier lugar donde se encuentre y en el momento que ésta desee aprender.  Dicho proceso ha sido forzado por dos fenómenos contemporáneos: la masificación de la educación superior y la incorporación del concepto de educación permanente.  La educación superior, circunscrita a sus formas tradicionales, no estaría en posibilidades de hacer frente a tales fenómenos.

La educación superior  abierta implica la apertura a sectores sociales que por distintas razones no tiene acceso a la educación formal de tiempo completo o parcial.  También supone un cambio de métodos de enseñanza, de currículos, de sistemas de evaluación, etcétera.  Una de sus formas es la educación a distancia, apoyada en la moderna tecnología educativa que organiza el proceso de enseñanza-aprendizaje mediante una relación profesor-alumno no presencial sino cualitativamente distinta a la exigida por los sistemas tradicionales. De esta suerte, la educación superior se vuelve accesible a amplios sectores que no pueden someterse a las limitaciones de espacio y tiempo. 

8.         La interdisciplinariedad.

La preocupación por las relaciones entre las diferentes disciplinas ha estado presente en el pensamiento humano desde hace mucho tiempo.  Pero es en nuestros días cuando adquiere especial actualidad como una nueva etapa del desarrollo del conocimiento científico, que lleva a un replanteamiento y una reflexión esencial sobre la enseñanza y la investigación en las universidades.

La actual discusión acerca de la interdisciplinariedad no sólo es una consecuencia de la evolución del conocimiento  sino también una reacción en contra de los vicios del “departamentalismo” y sus consecuencias en la organización de la enseñanza e investigación universitarias.  De ahí que la discusión internacional sobre el tema se haya orientado, hasta ahora, a esclarecer el concepto de interdisciplinariedad; en qué medida ésta favorece una docencia e investigación adaptadas al desarrollo actual del conocimiento; y a examinar sus posibilidades como factor de innovación.

En primer lugar, fue preciso llevar a cabo un cuidadoso deslinde conceptual para precisar la naturaleza de la interdisciplinariedad, distinguiéndola de la multidisciplinariedad, de la pluridisciplinariedad y de la transdisciplinariedad.  Luego, ya en el campo propio de la interdisciplinariedad, distinguir las diferentes modalidades que ésta puede asumir, según sea la etapa de madurez alcanzada en el proceso. A este respecto, el profesor Jean Piaget, en sus propuestas de definiciones para la UNESCO, reserva el término interdisciplinario para designar el trabajo académico “donde la cooperación entre varias disciplinas o sectores heterogéneos de una misma ciencia lleva a interacciones reales, es decir hacia una cierta reciprocidad de intercambios que dan como resultado un enriquecimiento mutuo.”

El profesor Piaget considera que existe una etapa superior que sería la “transdisciplinariedad”, la cual, “no sólo cubriría las investigaciones o reciprocidades entre proyectos especializados de investigación, sino que también situaría esas relaciones dentro de un sistema total que no tuviera fronteras sólidas entre las disciplinas”. 

La diferencia fundamental entre lo pluridisciplinario y lo interdisciplinario estriba, entonces, en que mientras lo pluridisciplinario no es más que la simple yuxtaposición de disciplinas, lo interdisciplinario implica la integración de sus perspectivas, métodos y conceptos.

9.         El currículo.

En última instancia, una Universidad es el currículo que en ella se imparte y los aprendizajes que deberá construir, en su estructura cognitiva, el estudiante que lo transita. Es en el currículo donde las tendencias innovadoras deben encontrar su mejor expresión.  Nada refleja mejor la filosofía educativa, los métodos y estilos de trabajo de una institución que el  currículo que ofrece.

Del tradicional concepto que identifica el currículo con una simple lista de materias y que, desafortunadamente, aún prevalece en muchas de nuestras instituciones, se ha evolucionado a su concepción sistémica y a su consideración como componente clave del proceso educativo y su elemento cualitativo por excelencia. De esta manera, la elaboración de un currículo implica, necesariamente, una auténtica investigación socio-educativa.

Un currículo tradicional suele ir acompañado de métodos de enseñanza destinados a la simple transmisión del conocimiento, con predominio de cátedras expositivas que estimulan la actitud pasiva del alumno; énfasis en el conocimiento teórico y la acumulación de información. De ahí que toda verdadera reforma académica tiene, en última instancia, que traducirse en un rediseño del currículo, único medio de lograr el cambio propuesto.

El currículo se asume así como el conjunto de las experiencias de aprendizaje que se ofrecen al alumno.  Este concepto incluye todas las actividades que tienen una finalidad formativa, aun las que antes solían considerarse como “extracurriculares”.  Al mismo tiempo, se ha pasado, de los currículos rígidos,  comunes para todos los estudiantes, a currículos sumamente flexibles que permiten tener en cuenta las características particulares de los alumnos. La tendencia apunta hacia una creciente individualización y contextualización del currículo. 



10.      Reconfiguración de la administración universitaria.

El reto de perfeccionar la administración de la educación superior al servicio de un mejor desempeño de sus funciones básicas de docencia, investigación, vinculación y extensión, ha llevado a la introducción del planeamiento estratégico como tarea normal de la administración universitaria. Y es que las universidades, y demás instituciones de educación superior, son organizaciones que forman parte de la red de organizaciones que constituyen el tejido social.  De ahí que se esté transfiriendo a su administración una serie de conceptos, instrumentos y métodos que provienen de las teorías más modernas sobre la administración de las organizaciones, entre ellos los de planificación y administración estratégicas. Aunque esta conceptualización, nos advierten los especialistas, se aplica principalmente a las empresas productivas y de servicios, es igualmente utilizable en las instituciones educativas, en general, y en las universidades en particular, con las adaptaciones del caso, dada su naturaleza académica y sin perder de vista el carácter de bien social de la educación superior. El especialista Burton Clark señaló, durante la Primera Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, (1998) que ha llegado el momento para una más pronunciada “empresarialización” de la Universidad, entendiendo por esto no su transformación en una unidad comercial o de mercado, como suelen señalar los detractores de esta idea, sino “su conversión en una instancia capaz de responder con iniciativa propia a las múltiples demandas que hoy tienen las sociedades que buscan el crecimiento, la cohesión social y la incorporación a la sociedad global de la información”.

La Universidad del futuro.

Al abordar el tema de la Universidad del futuro, no podemos prescindir de los imaginativos aportes del ex Rector de la Universidad de Brasilia, profesor Cristovam Buarque, expuestos en su obra “La Universidad en una encrucijada” .  El profesor Buarque parte de las siguientes consideraciones:

         En los últimos mil años no ocurrieron grandes cambios estructurales en la universidad. El rol de la universidad poco cambió. Entretanto, la realidad de la situación social en el mundo, como también los avances dinámicos en términos de información, conocimiento, y nuevas técnicas de comunicación y educación, evidencian la necesidad de una revolución en el concepto de la universidad.

“Casi ochocientos años después de su creación, las universidades necesitan entender que mudanzas tienen que ocurrir en cinco grandes ejes:

a)        volver a ser la vanguardia crítica de la producción del conocimiento;

b)        afirmar nuevamente su capacidad de asegurar el futuro de sus alumnos;

c)         recuperar el rol de principal centro de distribución del conocimiento;

d)        asumir compromiso y responsabilidad ética para el futuro de una humanidad sin exclusión; y

e)        reconocer que la universidad no es una institución aislada, sino que hace parte de una red mundial”.

“Más de ocho siglos después de su fundación, la universidad se encuentra en medio de una revolución tecnológica, en un mundo dividido, necesitando ahora hacer su propia revolución. Por lo menos siete vectores deberán orientar esta revolución:

"a)       Universidad Dinámica.  La Universidad no puede encarar el conocimiento de forma estática, como si el saber tuviera una larga duración compatible con el horizonte de la vida de sus profesores. Hoy, el conocimiento empieza a cambiar en el instante en que es criado, y la universidad tiene que incorporar esa dimensión en el rol que desempeña.

“Para eso:

o          El diploma debe tener plazo de duración. La universidad del siglo XXI no puede responsabilizarse por los conocimientos de un ex alumno formado hace algunos años. Es por ese motivo que un diploma universitario debe conllevar la exigencia de reciclaje del conocimiento a lo largo de toda la vida profesional;

o          La universidad debe ser permanente.  En realidad, la universidad debe extinguir el concepto de ex alumno. El estudiante formado debe mantener un vínculo permanente con su universidad, conectándose con ella on-line y recibiendo conocimientos a lo largo de toda su vida profesional, de forma a evitar la obsolescencia.

o          Los doctorados deben ser actualizados. Lo que ocurre hoy es que los alumnos de doctorado concluyen su tesis y cargan por el resto de su vida un título que demuestra apenas que un trabajo de mérito fue realizado en el pasado.

o          Los profesores deben ser sometidos a concursos periódicos. Si los diplomas de graduación y de pos-graduación necesitan de revalidación, los profesores no pueden mantener sus cargos con base en concursos antiguos. La coherencia exige que los profesores universitarios presten nuevos concursos, en plazos que permitan demostrar la actualidad de su conocimiento.

o          Flexibilidad en el tiempo de duración de los cursos. Si, por un lado, un alumno no debe jamás llegar al término definitivo de su curso, por otro, es imposible definir, en términos de un período fijo, el tiempo necesario para la obtención de los conocimientos básicos para la práctica de una profesión. Las universidades del siglo XXI no pueden más fijar la duración de sus cursos. Los alumnos podrán someterse a concursos que determinen su habilitación para la práctica de la profesión, de acuerdo con su propia capacidad y con el tiempo que les sea necesario.

o          Las referencias bibliográficas deben ser indicadas on-line, con la propia elaboración del libro por los autores.  Hoy en día, la elaboración de muchos libros demora más que el desarrollo de las teorías contenidas en él. Una universidad que se basa en libros impresos es una universidad que se atrasa en términos del conocimiento de punta.

"b)       Universidad Unificada.  Con esta red mundial, la idea de limitar un alumno a un curso específico en su universidad de origen se tornó anticuada e ineficiente. Cada alumno puede formular su propio programa de curso, eligiendo los profesores y las disciplinas en escala global, en una red que abarca al mundo entero.

"c)       Universidad para Todos.  La universidad se convirtió en una entidad única, debiendo estar abierta a todos.

"d)       Universidad Abierta.  La universidad del siglo XXI no tendrá muros, ni un campus físicamente definido. La universidad del siglo XXI será abierta a todo el planeta. Las clases serán transmitidas por la televisión, por la radio y la Internet, tornando innecesario que los alumnos estén presentes en el mismo campus, o en la misma ciudad que el profesor. Los profesores podrán mantener un diálogo permanente con sus alumnos de todo el mundo.

"e)       Universidad Tridimensional.  La universidad del siglo XXI tiene, también, que ser organizada de forma multidisciplinar.

"f)        Universidad Sistemática.  La universidad del futuro se vincula universalmente a todas las otras universidades, pero tendrá que vincularse también con todo el sistema de creación del saber. La universidad deberá incorporar las instituciones de investigación pública y privada, bien como todas las organizaciones no-gubernamentales, ligadas a la producción de investigaciones, deben hacer parte del sistema universitario.

"g)       Universidad sustentable.  Las universidades deberán ser instituciones públicas, sean ellas estatales o privadas. La universidad no puede morir por falta de recursos públicos, ni puede recusar los recursos privados de quien quiere invertir en ella”.

Visión de la Universidad del futuro.



La Universidad que necesitamos para enfrentar con éxito los desafíos del Siglo XXI.  Requerimos:

          Una Universidad que haga realidad la definición de Jaspers de ser “el lugar donde la sociedad permite el florecimiento de la más clara conciencia de la época”, organizándose, como propone Habermas, como una auténtica “comunidad crítica de estudiantes y profesores”;

          Una Universidad que mantenga estrechas relaciones de coordinación con el Estado, la sociedad civil organizada y el sector productivo y empresarial; que forme parte de un Proyecto Nacional de Desarrollo Endógeno, Humano y Sostenible y, contribuya, mediante su visión prospectiva, a configurar los proyectos futuros de sociedad;

          Una institución que forje, de manera integral, personas y ciudadanos conscientes y responsables; profesionales, especialistas, investigadores, artistas y técnicos formados interdisciplinariamente, dotados de una cultura humanística y científica; capaces de seguirse formando por sí mismos durante toda su vida; de adaptar sus conocimientos a los rápidos cambios que se producen en su campo profesional, laboral y científico; de localizar la información pertinente, evaluarla críticamente, juzgarla y tomar las decisiones adecuadas;

          Una Universidad que ponga el acento en el aprendizaje de sus estudiantes y convierta a sus docentes en facilitadores de ese aprendizaje;

          Una Universidad donde sea posible el cultivo desinteresado del conocimiento pero que también se preocupe por la investigación aplicada a la solución de los problemas más apremiantes de su sociedad;

          Un centro donde se contribuya a conservar, defender, acrecentar y difundir los valores culturales propios, se fortalezca la identidad nacional, y se promuevan la interculturalidad, la “cultura de paz” y la “cultura ecológica”;

          Una Universidad globalmente competitiva, donde docencia, investigación, extensión, vinculación y servicios, se integren en un solo gran quehacer educativo, enriqueciéndose mutuamente, y se apliquen a la búsqueda de soluciones para los problemas locales, regionales, nacionales y mundiales;

          Una Universidad que promueva la integración regional pero que, a la vez, incorpore en su enseñanza una visión holística del mundo, auspicie la comprensión entre las naciones y asuma, resueltamente, la dimensión internacional que hoy día tienen el conocimiento, la información y la propia educación superior;

          Una Universidad que asuma críticamente el fenómeno de la globalización del conocimiento, se integre a las grandes redes académicas y científicas, y participe activamente en el mundo universitario regional e internacional;

          Una Universidad comprometida con las culturas de calidad y pertinencia, que acepte la evaluación por sus pares; practique la autoevaluación sistemática de todas sus actividades y gestione la acreditación de sus programas y carreras por agencias oficialmente reconocidas. Consciente de su responsabilidad social y sin menoscabo de su autonomía, reconozca que está sujeta a la evaluación crítica de la sociedad por la eficiencia y eficacia de su desempeño.

          Una Universidad que sepa emplear todos los recursos de la moderna tecnología educativa, sin permitir que la máquina reemplace al profesor, salvo aquel, que según Skinner, merezca ser reemplazado por ella;

          Una Universidad que diversifique su población estudiantil y su oferta de carreras y especialidades e incorpore carreras cortas de nivel superior, prestigiadas por su identidad académica y por su posibilidad de permitir salidas laterales al mundo del trabajo y el paso a carreras de larga duración; introduzca institucionalmente la educación a distancia y virtual, y ofrezca oportunidades de formación a personas de todas las edades, aspirando a ofrecer una educación superior para todos y todas y durante toda la vida;

          Una Universidad inserta en la totalidad del sistema educativo, del cual debe ser “cabeza” y no simple “corona”, preocupada por los niveles que le preceden, a los cuales debe aportar no solo personal docente calificado, sino también propuestas para su mejoramiento cualitativo y didáctico;

          Una Universidad edificada sobre la base de estructuras académicas y administrativas flexibles, que ofrezca currículos también flexibles, que comprendan ciclos de competencias generales, básicas, profesionales, terminales y libres, acompañadas de las destrezas y habilidades requeridas para cada profesión o especialidad y que propicie la reintegración del conocimiento y el trabajo interdisciplinario y transdisciplinario;

          En fin, una Universidad donde las ciencias, las humanidades y las artes encuentren un alero propicio; la innovación, la imaginación y la creatividad su morada natural, y “la barca del sueño que en el espacio boga” un lugar seguro donde atracar.

LIBRO: LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN PANAMÁ, SITUACIÓN, PROBLEMAS Y DESAFÍOS

Bernal, Juan Bosco “La Educación Superior en Panamá, Situación, Problemas y Desafíos”. Año 2001
El principal objetivo del documento “La Educación Superior En Panamá, Situación, Problemas Y Desafíos” es dar un pantallazo de la situación y desafíos que presenta la Educación Superior en Panamá. De aquí se pueden impartir las bases para crear estrategias e incrementar la eficiencia de las universidades, tomando en cuenta las principales necesidades y exigencias del desarrollo del país.
De igual forma como ha ocurrido en otras partes del mundo, han existido procesos de cambios y crecimiento. Lo que ha llevado a incrementar sus matriculas, lo que ocasionó que las instituciones se incrementaran y diversificaran. Se han creado organismos 

fiscalizadores, coordinadores y supervisores de sus operaciones y los recursos públicos asignados a su financiamiento han crecido, casi proporcionalmente al incremento de las instituciones oficiales y sus estudiantes.

La educación superior en Panamá tiene un sistema relativamente joven. A diferencia de como se han desempeñado los cambios o evoluciones de la educación  en otros países por ejemplo: Perú, República Dominicana o Guatemala, que cuentan con universidades centenarias, el sistema de educación superior empezó a construirse a partir de 1935; en cambio en nuestro país la Universidad de Panamá se diversificó en 1965 con la Universidad Santa María la Antigua, la primera universidad particular del país. Actualmente representa un sistema grande y complejo con unas 15 universidades, cuatro de ellas estatales; y unos 14 centros de educación superior postmedio, no universitarios.

En Panamá se ha registrado un importante crecimiento en las universidades privadas. Entre los centros universitarios existentes en el país, las instituciones particulares son las que han mostrado un mayor ritmo de crecimiento. De una universidad particular y una oficial, en 1965, actualmente se cuenta con 11 privadas y 4 estatales, así como un número plural de instituciones no universitarias. Estas universidades particulares responden esencialmente a capital extranjero (Costarricense, Colombiano, Venezolano, etc.) y apuntan, en su mayoría, a satisfacer la demanda estudiantil en carreras de interés para el mercado, con reducidos costos de operación. De estas universidades la USMA presenta una estructura de carreras y programas de  investigación y extensión más coherente con las necesidades del desarrollo nacional. Aún cuando exista un programa de fiscalización de estas universidades, es relativamente poca la incidencia que tiene en la regulación de la calidad y pertinencia en la formación de sus estudiantes.

Uno de los cambios más asombrosos que obtuvo la educación superior es la amplia oferta de estudios de postgrado, en diversas áreas del conocimiento, con sede en diferentes puntos del país. Este hecho ha contribuido a elevar el nivel de formación de los profesionales panameños en una época en que se demanda mayores competencias y conocimientos de las personas. Muchas de estas ofertas tienen requisitos y condiciones flexibles, lo cual favorece el acceso y permanencia de sus estudiantes, pero al mismo tiempo puede ser un factor de debilitamiento de la calidad estos programas.

LEY 30 DEL 20 DE JULIO 2006

Ley 30 del 20 de julio 2006
“Que crea el Sistema de Evaluación y Acreditación para el Mejoramiento de la Calidad de la Educación Universitaria



Con el propósito de institucionalizar la evaluación y acreditación de la Educación Superior Universitaria en Panamá, la Asamblea Nacional, aprueba la Ley 30 de julio de 2006.  Esta ley está constituida por cinco capítulos.


Su capítulo I, Ámbito de aplicación y definiciones, se refiere a que toda universidad en Panamá debe ser autorizada por el Estado y se le aplicarán las normas de esta ley, en su artículo Nº2 se hacen las definiciones de las palabras cables pertinentes (acreditación, educación superior, entre otras).


En su capítulo II, encontramos la creación del “Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación para el mejoramiento de la calidad de la Educación Superior Universitaria, los principios en que se basan sus objetivos, cómo se financiarán los procesos complementarios a los cuales se someterán las universidades para lograr los objetivos.  Ordenan que los procesos sean permanentes, transparentes y participativos; y, que se complemente con la autoevaluación institucional con la evaluación externa, por pares académicos independientes.  Señala que la certificación de acreditación tendrá vigencia de seis años y la negación de esta es inapelable.  Todas las universidades se incorporan al mencionado sistema nacional y los sistemas internos de control de la calidad deben ser compatibles con los principios, objetivos y estrategias planteadas en esta norma.

El capítulo III, crea el CONSEJO NACIONAL DE EVALUACIÓN Y ACREDITACIÓN UNIVERSITARIA DE PANAMÁ (CONEAUPA), como organismo evaluador y acreditador independiente, descentralizado, con autonomía financiera, administrativa y reglamentaria, patrimonio propio y personería jurídica.  Cada universidad tendrá una unidad técnica encargada de los procesos de autoevaluación y el consejo estará integrado por 11 miembros “ad honorem” representativos de los diferentes sectores de la educación del país.  Detalla el perfil del secretario ejecutivo de dicho Consejo y de las condiciones de su nombramiento y establece tres comisiones de asesoría técnica y las funciones de estas.


El capítulo IV, trata sobre la fiscalización del funcionamiento de las universidades particulares y la creación de universidades oficiales.  Las nuevas universidades funcionarán provisionalmente por seis años y si cumplen con los requisitos de la ley podrán obtener la autorización, para funcionar definitivamente después de este período.
Dos artículos resultan muy interesantes:  el 44 que se refiere a un sistema de incentivo, para la realización de investigaciones, proyectos experimentales e innovación en beneficio del país; el artículo 45, señala que cada universidad particular debe conceder dos becas anuales, una para estudios de pre-grado y, la otra, para post-grado a estudiantes con alto rendimiento académico y de escasos recursos económicos.
El capítulo V, se refiere a la implementación de esta ley 30, a la derogación del decreto ley 16 del 11 de julio de 1963 y a la fecha, en la cual, empieza a regir esta ley.


En resumen, la ley tiene cinco objetivos fundamentales:


1. Fomentar y desarrollar una cultura de evaluación.

2. Promover el mejoramiento continuo y la calidad de las instituciones universitarias y sus programas.
3. Dar fe de la calidad y de los programas universitarios por medio de la acreditación.
4. Mejorar los requisitos y procedimientos para la creación y funcionamiento de las universidades.
5. Promover la articulación entre las diferentes modalidades del sistema de educación superior.

Como forma de lograr estos objetivos, crea:


1. Autoevaluación de programas o carreras.

2. Autoevaluación institucional.
3. Evaluación externa por pares académicos.
4. Acreditación.