Desafíos de la Educación Superior
La Universidad es un espacio
privilegiado para el desarrollo de la reflexión crítica, la formación de
ciudadanos y profesionales conscientes de sus responsabilidades cívicas y
comprometidos con el desarrollo humano y sostenible de su nación. Para ello, el
oficio universitario debe inspirarse en los valores democráticos, la inclusión,
la interculturalidad y el análisis de la problemática de su contexto para
contribuir a la solución de los grandes problemas nacionales. La cultura
democrática, como forma de vida, debe practicarse al interior de la
Universidad. La comunidad académica debería promoverla hacia su entorno,
actuando como agente clave de su vigencia y respeto en el seno de la sociedad.
Las universidades están en
posición privilegiada, como sede de la inteligencia del país, para contribuir
al diseño de un Proyecto de Nación. Para ello, deberían también propiciar los
grandes consensos que sirvan de base a tal Proyecto y a las políticas de
estado, de largo plazo, que del mismo se desprendan. Esto conduce a repensar la
autonomía universitaria y pasar, de un concepto que se limita a la de defensa
de la libertad académica, a otro de presencia activa en el escenario nacional y
en la vida social, sin perder su carácter de centro independiente del
pensamiento. No olvidemos que las sociedades miran hacia la Universidad en
busca de guía y orientación.
Autonomía no significa
volver por antiguos fueros medievales. Autonomía y silencio son, en mi opinión,
incompatibles. Si la Universidad goza de autonomía es para ejercerla y
aprovechar su disfrute de libertad para opinar responsablemente. La Universidad
que guarda silencio ante su problemática, menosprecia su autonomía. Sin el
ejercicio proactivo de la autonomía se frustran buena parte de los fines más
nobles de la Universidad.
Varios analistas coinciden
en afirmar que en las universidades estatales de América Latina, uno de los
mayores riesgos que corre la autonomía universitaria es la influencia de grupos
de poder, afiliados a determinados partidos políticos, que impiden a la
institución el cabal desempeño de su función crítica por la identificación de
estos grupos con las políticas partidarias o gubernamentales. De esta manera,
castran las posibilidades de cultivar en las nuevas generaciones la conciencia
crítica y limitan su formación como ciudadanos. Ser ciudadano cabal de una
nación es el título más honroso al que una persona puede aspirar. Como lo
recomienda la UNESCO, “es ahora importante que los Centros de Educación
Superior desempeñen un papel aún mayor en el fomento de los valores éticos y
morales en la sociedad y dediquen especial atención a la promoción, entre los
futuros graduados, de un espíritu cívico de participación activa”.
Cobra aquí actualidad el
pensamiento de Mariano Fiallos Gil, Padre de nuestra Autonomía Universitaria,
cuando afirmaba: “La autonomía es libre pensamiento, libre exposición de ideas,
controversia, ejercicio responsable de la inteligencia, discusión sin tabúes de
ninguna clase, ya que el objetivo de la Universidad es el de la formación de
hombres libres en una sociedad libre”… “Creo en la Universidad”, nos dice
Carlos Fuentes, y añade: “Para que la
cultura viva, son indispensables espacios universitarios en los que prive la
reflexión, la investigación y la crítica, pues estos son los valladares que
debemos oponer a la intolerancia, al engaño y a la violencia”… “Universidad y totalitarismos son
incompatibles”.
2. Nuevas perspectivas de la pertinencia y
calidad de la educación superior.
Pertinencia y calidad son
dos exigencias ineludibles de la educación superior contemporánea y de las
políticas orientadas a su futuro desarrollo. La Conferencia Regional sobre
Educación Superior (CRES-2008), celebrada el año pasado en Cartagena, Colombia,
como preparatoria de la Conferencia Mundial, dejó claramente establecido que la
obligación, tanto del sector público como del privado, es ofrecer una educación
superior con calidad y pertinencia. Además, afirmó que “la calidad es un
concepto inseparable de la equidad y la pertinencia”. A su vez, la reciente
Segunda Conferencia Mundial (París, julio de 2009), en su Comunicado Final
proclamó que “se deben perseguir, al mismo tiempo, metas de equidad,
pertinencia y calidad”.
El concepto de pertinencia
se ciñe al papel que la educación superior desempeña en la sociedad y lo que
ésta espera de aquélla. La pertinencia tiene que ver con la Misión y la Visión
de las instituciones de educación superior, es decir, con su ser y su deber
ser, con la médula de su cometido, y no puede desligarse de los grandes objetivos
y necesidades de la sociedad en que están inmersas ni de los retos del nuevo
contexto mundial. Este concepto ha evolucionado hacia una concepción amplia y a
su estrecha vinculación con la calidad, la equidad y la responsabilidad social.
Y es que la Universidad es una institución cuyo referente es la sociedad y no
únicamente el mercado.
Es evidente la
interdependencia que existe entre pertinencia y calidad, al punto que podemos
afirmar que la una presupone a la otra, como las dos caras de una misma moneda. En los procesos de evaluación institucional,
la valoración de la calidad y de la pertinencia social deberían recibir la
misma atención, lo que no ha sido así hasta ahora, por el predominio de la
preocupación por la calidad. Los esfuerzos por la pertinencia no han sido tan
significativos como los empeños por la calidad.
La evaluación de la
educación superior comprende la evaluación de los productos de cada proceso y
de los procesos mismos y no se limita al juicio, como algunos pretenden, sobre
el diseño y la organización curricular, los métodos pedagógicos, ni a la
constatación de si son o no suficientes los recursos disponibles. Debe ir
más lejos, pues un currículo universitario refleja, o debería reflejar,
la concepción que se tiene frente al ser humano, la sociedad y el
conocimiento. La calidad debe, entonces,
evaluarse teniendo como referente el grado de cumplimiento de la Misión de la
Universidad, tal como ella misma la ha definido.
Corresponde también tener
presente la advertencia del educador mexicano Pablo Latapí: “la calidad
educativa no debe confundirse con el éxito en el mundo laboral, definido este
por referencia a los valores del sistema”. La referencia para medir el éxito
deben ser los valores profesados por la Universidad, su misión y su compromiso
ético. La acreditación no puede limitarse al cumplimiento de una calidad sin
patria. La calidad necesita hundir sus raíces en su contexto. Amén de los
parámetros internacionales de calidad basados en las buenas prácticas, la
calidad debe también valorarse en relación con la realidad en que los programas
están inmersos. De esta manera, la
pertinencia social deviene en la patria de la calidad. Las evaluaciones
deben sustentarse en un concepto de calidad construido socialmente. Los
procesos de evaluación deben adaptarse a cada institución, pues cada
institución es única, tiene su propia historia y una manera muy suya de
entender y construir su misión.
Por su carácter
multidimensional, en la calidad educativa intervienen varios factores. Sin
embargo, cada vez más se acepta que la calidad de un sistema educativo tiene
como techo la calidad de los docentes y de los estudiantes. Incluso, hay
quienes afirman que en el futuro la calidad de los estudiantes será el factor
decisivo para apreciar la calidad de una Universidad. Otro factor que adquiere
nueva relevancia es la calidad del ámbito educativo y del llamado “paisaje
pedagógico”.
3. Las redes académicas: instrumento clave
de la educación superior contemporánea.
Apuntamos antes que los
extraordinarios adelantos de las tecnologías de la comunicación y la
información tienen un gran impacto en la educación superior contemporánea. Las comunidades académicas se intercomunican
instantáneamente a través de las redes cibernéticas. La UNESCO presentó en el año 2005 un informe
mundial titulado “Hacia las Sociedades del Conocimiento”, en el que se muestra
un panorama prospectivo de los cambios que estamos presenciando a nivel global.
En este informe se dice que: ”la tercera revolución industrial ha ido acompañada
de un cambio de régimen de los conocimientos. A este respecto, cabe señalar el
advenimiento de un doble paradigma: el de lo inmaterial y el de las redes”. La
Universidad del futuro necesariamente tiene que integrarse a las redes
académicas y de cooperación, y participar activamente en el mundo universitario
internacional y regional. La integración de todas estas redes de investigadores
y académicos en una “red de redes”, conducirá a crear, paulatinamente, una
verdadera comunidad universitaria mundial. El Comunicado Final de la
Conferencia Mundial sobre Educación Superior 2009, destacó la enorme
importancia de las redes académicas en el ámbito de la educación superior y en
los esfuerzos conducentes a reducir la brecha entre los países más
desarrollados y los en vías de desarrollo.
Las redes académicas y de
cooperación científica representan un instrumento valioso para el
enriquecimiento de la vida académica en nuestras universidades. Hoy día es muy
difícil que un especialista pueda aislarse de la comunidad de investigadores
que trabajan su misma disciplina. Por lo tanto, las universidades deben
estimular y facilitar que sus docentes e investigadores se vinculen a las redes
académicas.
4. La internacionalización de la educación
superior.
La internacionalización de
la educación superior es muy antigua, por cuanto la apasionante historia de las
universidades nos muestra que estas nacieron para servir a estudiantes
provenientes de las diferentes “naciones” de la Edad Media europea. Es, a la vez, muy moderna, por cuanto la
emergencia de un conocimiento sin fronteras conlleva nuevos desafíos para la
educación superior. La “Declaración Mundial sobre la Educación Superior para el
Siglo XXI” (1998), destacó la internacionalización de la educación superior
como un componente clave de su pertinencia en la sociedad actual subrayando que
se requiere, al mismo tiempo, más internacionalización y más contextualización.
La internacionalización de la educación contribuye a generar un mayor
entendimiento entre las culturas y las naciones, al mismo tiempo que pone las
bases para lo que más hace falta en la globalización actual: la solidaridad
humana y el respeto a la diversidad cultural. La internacionalización de la
educación superior es también una contribución a la superación de la crisis
epistemológica que vive la educación en la actualidad, que es solicitada,
simultáneamente, por los requerimientos tradicionales de la sociedad nacional y
los nuevos desafíos provenientes de la sociedad global. Y es que la
globalización, paradójicamente, promueve procesos de homogeneización cultural
y, a la vez engendra, como resistencia, regionalismos y hasta “tribalismos”
exacerbados.
El Segundo Encuentro de la
Red Iberoamericana de Universidades (UNIVERSIA) (Guadalajara, México, 2010),
proclamó que “la movilidad y la internacionalización forman así parte de las
esencias, los desafíos y los propósitos más decisivos para la Universidad del
futuro”. Además, el Encuentro abogó por establecer un “Carnet Universitario
Iberoamericano”, que permita el uso de los servicios en todo el espacio
iberoamericano universitario. También se pronunció por constituir “una
verdadera comunidad virtual universitaria iberoamericana”.
La especialista canadiense
Jane Knight, señala que “la internacionalización es un sustrato fundamental
para la transformación de la educación superior. Es, sin duda, una educación para formar
ciudadanos del mundo, en un planeta cada vez más interconectado, pero, al mismo
tiempo, coadyuvar en el fortalecimiento de las identidades culturales”. Hay
entonces una primera tensión, la cual debe manejarse desde lo internacional, lo
local, nacional y regional con una mirada global, ya que la
internacionalización no implica, en modo alguno, pérdida de raíces o de
identidades en los diferentes niveles de la sociedad.
No cabe confundir
internacionalización con transnacionalización de la educación superior. Esta
última conlleva su transformación en un servicio sujeto a las reglas del
mercado, con predominio de los intereses de las empresas educativas transnacionales.
Mientras en la internacionalización se propugna por una cooperación
internacional solidaria, con énfasis en la cooperación horizontal, basada en el
diálogo intercultural y respetuosa de la idiosincracia e identidad de los
países participantes, así como por el diseño de redes interuniversitarias y de
espacios académicos ampliados, en la transnacionalización se trata de facilitar
el establecimiento en nuestros países de filiales de universidades extranjeras,
de promover una cooperación dominada por criterios asistenciales, y de
estimular la venta de franquicias académicas. Incluye la creación de
universidades corporativas, auspiciadas por las grandes empresas
transnacionales, y las universidades virtuales, controladas por universidades y
empresas de los países más desarrollados.
Este nuevo panorama universitario comienza a configurarse en nuestros
países y ha hecho surgir voces de alerta por el riesgo que representan para
nuestra soberanía educativa e identidad nacional.
Los conceptos claves para
resguardar, en un mundo globalizado y de mercados abiertos y competitivos, la
autonomía, la libertad de cátedras y los principios esenciales que caracterizan
el quehacer universitario, tal como hasta ahora lo hemos conocido, es el
criterio proclamado por la Declaración Mundial sobre la Educación Superior
(París, 1998), que nítidamente define la educación superior como “un bien
público” y el conocimiento generado por ella como “un bien social al servicio
de la humanidad”. Este concepto lo ratificó la Declaración del 2009, al asumir
la educación superior como “un bien público social”.
5. Hacia la construcción de espacios
supranacionales de educación superior.
A nivel mundial se constata
la tendencia a configurar espacios supranacionales de educación superior,
siguiendo el ejemplo del Espacio Común de Educación Superior de la Unión
Europea. En América Latina se ha avanzado poco en este propósito, pero existe
el acuerdo de crear el Espacio de Encuentro Latinoamericano y Caribeño de
Educación Superior (ENLACES). Reunidas en Panamá (6 y 7 de noviembre de 2008)
las organizaciones nacionales, regionales y las redes universitarias de América
Latina y el Caribe, bajo los auspicios del IESALC / UNESCO, la OUI y la UDUAL,
acordaron propugnar la integración regional latinoamericana y caribeña y la
internacionalización de la educación superior mediante, entre otras
iniciativas, la construcción del Espacio de Encuentro Latinoamericano y
Caribeño de Educación Superior (ENLACES). Convinieron en que la creación de
ENLACES “se basa en la cooperación y convergencia, que permitirá potenciar
aspectos como la armonización de los currículos y las reformas institucionales,
la interdisciplinariedad, la movilidad e intercambio académico, la puesta en
marcha de agendas conjuntas para la generación de investigaciones con
pertinencia social y prioritarias en el marco de las necesidades de formación
de recursos humanos del más alto nivel científico y tecnológico con innovación,
la difusión del conocimiento y la cultura, y la oferta de una gama creciente de
servicios a los distintos sectores públicos y productivos de nuestras
naciones”.
La CRES – 2008 dio un pleno
respaldo a la iniciativa de crear ENLACES y señaló los pasos a seguir para que
se concrete tan importante propuesta. El Segundo Encuentro Internacional de
Rectores de UNIVERSIA, celebrado en la Universidad de Guadalajara el 31 de mayo
y el 1 de junio de 2010, se pronunció por la creación de “Un espacio
iberoamericano del conocimiento socialmente responsable”.
6. Nuevos Modelos Educativos y Académicos.
Una tendencia notable en la
educación superior contemporánea es la revisión de los procesos de transmisión
del conocimiento, lo que ha llevado a revisar los métodos de
enseñanza-aprendizaje, trasladando el acento de la enseñanza hacia el
aprendizaje y enfatizando sobre el rol protagónico del estudiante.
La cada vez más generalizada
adopción de los enfoques constructivistas, los cambios en el rol del profesor,
que deviene en un facilitador del aprendizaje del alumno y la adopción de los
paradigmas de la educación permanente y del aprender a aprender, han conducido
a muchísimas universidades a diseñar nuevos Modelos Educativos y Académicos,
así como a revalorizar la importancia de la pedagogía universitaria.
Los especialistas coinciden
en señalar que la educación debe promover la formación de individuos cuya
interacción creativa con la información les lleve a construir conocimiento. Se
trata de promover un aprendizaje por comprensión. De esta suerte, en cada aula donde se
desarrolla un proceso de enseñanza-aprendizaje se realiza una construcción
conjunta entre enseñante y aprendices. Al superarse los enfoques conductistas
del aprendizaje para dar paso a los constructivistas, el aprendizaje dejó de
ser un simple cambio conductual, una modificación de la conducta ocasionada por
estímulos internos y externos, y pasó a ser la posibilidad de la
autoconstrucción por el aprendiz de un nuevo conocimiento significativo.
El aprendizaje o los
aprendizajes representan hoy día la esencia de la Universidad contemporánea. La
pregunta es: ¿Qué hacer en la práctica docente para generar condiciones para un
efectivo aprendizaje de los alumnos? El constructivismo, precisamente, sitúa la
actividad mental del educando en la base de la apropiación del conocimiento. Un
conocimiento nos lo apropiamos cuando lo interiorizamos y lo incorporamos a
nuestra estructura mental. El docente deviene así en un mediador del feliz
encuentro del alumno con el conocimiento. “Educar, nos dice Paulo Freire, no es
transferir conocimiento sino crear las condiciones para su construcción”. Mas, no olvidemos que el proceso de
enseñanza-aprendizaje es una unidad pedagógica compartida y creativa. “Aprender
a aprender” supone la adquisición de la capacidad de autoaprendizaje al cabo de
un período ineludible de aprendizaje con docentes.
Estos nuevos paradigmas
educativos y pedagógicos, se fundamentan en los aportes de la psicología y de
la ciencia cognitiva sobre cómo aprende el ser humano, y nos conducen a
reconocer que el estudiante no sólo debe adquirir información sino
principalmente estrategias cognitivas, es decir, procedimientos para adquirir,
recuperar, juzgar y usar información. Lo
que determina el aprendizaje no es lo que se enseña, sino de qué manera lo
enseñado interactúa adecuadamente con lo que el estudiante ya sabe.
La nueva perspectiva de la
enseñanza universitaria como una actividad investigativa, permitirá dignificar
la docencia a los ojos del profesor universitario. Todo docente es, o debería
ser, un investigador, no en el sentido de que aporta nuevo conocimiento, sino
en el sentido de que como investigador pedagógico ha logrado construir sus
propios conocimientos en la disciplina que enseña, para comprenderla y
aprehenderla y, posee la capacidad didáctica de enseñarla y suscitar el
aprendizaje de sus alumnos.
El Modelo Educativo es la
concreción, en términos pedagógicos, de los paradigmas educativos que una
institución profesa. El Modelo Educativo debe estar sustentado en la historia,
valores profesados, Visión, Misión, filosofía, objetivos y finalidades de la
institución. Debe existir congruencia entre el Modelo Educativo y la
organización académica de la Universidad, de suerte que puedan alcanzarse los
objetivos que persigue el Modelo. El Modelo Académico traduce en organización
académica y diseño curricular, el compromiso de la institución con su Modelo
Educativo. La Universidad debe,
entonces, prepararse para revisar su estructura académica, a fin de
flexibilizarla, superando el esquema de separación rígida entre las facultades,
escuelas y departamentos, y propiciando la apertura de una comunicación
permanente entre todos estos elementos estructurales.
Los países de la Unión
Europea han adoptado estos paradigmas como parte del llamado “Proceso de
Bolonia”. Según uno de los arquitectos de los acuerdos de Bolonia, Guy Haug, el
nuevo paradigma europeo en el campo didáctico implica un desplazamiento del énfasis
en los sentidos siguientes:
- Más sobre el aprendizaje, y menos sobre la enseñanza;
- Más atención al estudiante, y menos poder al profesor;
- Más enfoque sobre las exigencias de la sociedad;
- Más atención en el desarrollo de destrezas y habilidades,
y menos sobre la mera adquisición de conocimientos;
- Carreras concebidas en el espíritu de aprendizaje a lo
largo de la vida, en vez de un enciclopedismo inicial seguido por muy escasas
posibilidades de formación ulterior.
7. Los sistemas abiertos y la educación superior a distancia.
La educación no se
identifica únicamente con la impartida a través de los sistemas formales y
presenciales. En realidad comprende, la
educación formal, la no formal y la informal.
Se asiste así a un amplio proceso de apertura de la educación, que rompe
con dos condicionamientos: el espacio y el tiempo. Este proceso también tiene lugar a nivel de
la educación superior en diversas direcciones: apertura a cualquier persona
adulta, en cualquier lugar donde se encuentre y en el momento que ésta desee
aprender. Dicho proceso ha sido forzado
por dos fenómenos contemporáneos: la masificación de la educación superior y la
incorporación del concepto de educación permanente. La educación superior, circunscrita a sus
formas tradicionales, no estaría en posibilidades de hacer frente a tales
fenómenos.
La educación superior abierta implica la apertura a sectores
sociales que por distintas razones no tiene acceso a la educación formal de
tiempo completo o parcial. También supone
un cambio de métodos de enseñanza, de currículos, de sistemas de evaluación,
etcétera. Una de sus formas es la
educación a distancia, apoyada en la moderna tecnología educativa que organiza
el proceso de enseñanza-aprendizaje mediante una relación profesor-alumno no
presencial sino cualitativamente distinta a la exigida por los sistemas
tradicionales. De esta suerte, la educación superior se vuelve accesible a
amplios sectores que no pueden someterse a las limitaciones de espacio y
tiempo.
8. La interdisciplinariedad.
La preocupación por las
relaciones entre las diferentes disciplinas ha estado presente en el
pensamiento humano desde hace mucho tiempo.
Pero es en nuestros días cuando adquiere especial actualidad como una
nueva etapa del desarrollo del conocimiento científico, que lleva a un
replanteamiento y una reflexión esencial sobre la enseñanza y la investigación
en las universidades.
La actual discusión acerca
de la interdisciplinariedad no sólo es una consecuencia de la evolución del
conocimiento sino también una reacción
en contra de los vicios del “departamentalismo” y sus consecuencias en la
organización de la enseñanza e investigación universitarias. De ahí que la discusión internacional sobre
el tema se haya orientado, hasta ahora, a esclarecer el concepto de
interdisciplinariedad; en qué medida ésta favorece una docencia e investigación
adaptadas al desarrollo actual del conocimiento; y a examinar sus posibilidades
como factor de innovación.
En primer lugar, fue preciso
llevar a cabo un cuidadoso deslinde conceptual para precisar la naturaleza de
la interdisciplinariedad, distinguiéndola de la multidisciplinariedad, de la
pluridisciplinariedad y de la transdisciplinariedad. Luego, ya en el campo propio de la
interdisciplinariedad, distinguir las diferentes modalidades que ésta puede
asumir, según sea la etapa de madurez alcanzada en el proceso. A este respecto,
el profesor Jean Piaget, en sus propuestas de definiciones para la UNESCO,
reserva el término interdisciplinario para designar el trabajo académico “donde
la cooperación entre varias disciplinas o sectores heterogéneos de una misma
ciencia lleva a interacciones reales, es decir hacia una cierta reciprocidad de
intercambios que dan como resultado un enriquecimiento mutuo.”
El profesor Piaget considera
que existe una etapa superior que sería la “transdisciplinariedad”, la cual,
“no sólo cubriría las investigaciones o reciprocidades entre proyectos
especializados de investigación, sino que también situaría esas relaciones
dentro de un sistema total que no tuviera fronteras sólidas entre las
disciplinas”.
La diferencia fundamental
entre lo pluridisciplinario y lo interdisciplinario estriba, entonces, en que
mientras lo pluridisciplinario no es más que la simple yuxtaposición de
disciplinas, lo interdisciplinario implica la integración de sus perspectivas,
métodos y conceptos.
9. El currículo.
En última instancia, una
Universidad es el currículo que en ella se imparte y los aprendizajes que
deberá construir, en su estructura cognitiva, el estudiante que lo transita. Es
en el currículo donde las tendencias innovadoras deben encontrar su mejor
expresión. Nada refleja mejor la
filosofía educativa, los métodos y estilos de trabajo de una institución que el currículo que ofrece.
Del tradicional concepto que
identifica el currículo con una simple lista de materias y que,
desafortunadamente, aún prevalece en muchas de nuestras instituciones, se ha
evolucionado a su concepción sistémica y a su consideración como componente
clave del proceso educativo y su elemento cualitativo por excelencia. De esta
manera, la elaboración de un currículo implica, necesariamente, una auténtica
investigación socio-educativa.
Un currículo tradicional
suele ir acompañado de métodos de enseñanza destinados a la simple transmisión
del conocimiento, con predominio de cátedras expositivas que estimulan la
actitud pasiva del alumno; énfasis en el conocimiento teórico y la acumulación
de información. De ahí que toda verdadera reforma académica tiene, en última
instancia, que traducirse en un rediseño del currículo, único medio de lograr
el cambio propuesto.
El currículo se asume así
como el conjunto de las experiencias de aprendizaje que se ofrecen al
alumno. Este concepto incluye todas las
actividades que tienen una finalidad formativa, aun las que antes solían
considerarse como “extracurriculares”.
Al mismo tiempo, se ha pasado, de los currículos rígidos, comunes para todos los estudiantes, a
currículos sumamente flexibles que permiten tener en cuenta las características
particulares de los alumnos. La tendencia apunta hacia una creciente
individualización y contextualización del currículo.
10. Reconfiguración de la administración
universitaria.
El reto de perfeccionar la
administración de la educación superior al servicio de un mejor desempeño de
sus funciones básicas de docencia, investigación, vinculación y extensión, ha
llevado a la introducción del planeamiento estratégico como tarea normal de la
administración universitaria. Y es que las universidades, y demás instituciones
de educación superior, son organizaciones que forman parte de la red de
organizaciones que constituyen el tejido social. De ahí que se esté transfiriendo a su
administración una serie de conceptos, instrumentos y métodos que provienen de
las teorías más modernas sobre la administración de las organizaciones, entre
ellos los de planificación y administración estratégicas. Aunque esta
conceptualización, nos advierten los especialistas, se aplica principalmente a
las empresas productivas y de servicios, es igualmente utilizable en las
instituciones educativas, en general, y en las universidades en particular, con
las adaptaciones del caso, dada su naturaleza académica y sin perder de vista
el carácter de bien social de la educación superior. El especialista Burton
Clark señaló, durante la Primera Conferencia Mundial sobre la Educación
Superior, (1998) que ha llegado el momento para una más pronunciada
“empresarialización” de la Universidad, entendiendo por esto no su
transformación en una unidad comercial o de mercado, como suelen señalar los
detractores de esta idea, sino “su conversión en una instancia capaz de
responder con iniciativa propia a las múltiples demandas que hoy tienen las
sociedades que buscan el crecimiento, la cohesión social y la incorporación a
la sociedad global de la información”.
La
Universidad del futuro.
Al abordar el tema de la
Universidad del futuro, no podemos prescindir de los imaginativos aportes del
ex Rector de la Universidad de Brasilia, profesor Cristovam Buarque, expuestos
en su obra “La Universidad en una encrucijada” . El profesor Buarque parte de las siguientes
consideraciones:
En los últimos mil años no ocurrieron grandes cambios
estructurales en la universidad. El rol de la universidad poco cambió.
Entretanto, la realidad de la situación social en el mundo, como también los
avances dinámicos en términos de información, conocimiento, y nuevas técnicas
de comunicación y educación, evidencian la necesidad de una revolución en el
concepto de la universidad.
“Casi ochocientos años
después de su creación, las universidades necesitan entender que mudanzas
tienen que ocurrir en cinco grandes ejes:
a) volver a ser la vanguardia crítica de la producción del
conocimiento;
b) afirmar nuevamente su capacidad de asegurar el futuro de sus
alumnos;
c) recuperar el rol de principal centro de distribución del
conocimiento;
d) asumir compromiso y responsabilidad ética para el futuro de
una humanidad sin exclusión; y
e) reconocer que la universidad no es una institución aislada,
sino que hace parte de una red mundial”.
“Más de ocho siglos después
de su fundación, la universidad se encuentra en medio de una revolución
tecnológica, en un mundo dividido, necesitando ahora hacer su propia
revolución. Por lo menos siete vectores deberán orientar esta revolución:
"a) Universidad Dinámica. La Universidad no puede encarar el
conocimiento de forma estática, como si el saber tuviera una larga duración
compatible con el horizonte de la vida de sus profesores. Hoy, el conocimiento
empieza a cambiar en el instante en que es criado, y la universidad tiene que
incorporar esa dimensión en el rol que desempeña.
“Para eso:
o El diploma debe tener plazo de duración. La universidad del
siglo XXI no puede responsabilizarse por los conocimientos de un ex alumno
formado hace algunos años. Es por ese motivo que un diploma universitario debe
conllevar la exigencia de reciclaje del conocimiento a lo largo de toda la vida
profesional;
o La universidad debe ser permanente. En realidad, la universidad debe extinguir el
concepto de ex alumno. El estudiante formado debe mantener un vínculo
permanente con su universidad, conectándose con ella on-line y recibiendo
conocimientos a lo largo de toda su vida profesional, de forma a evitar la
obsolescencia.
o Los doctorados deben ser actualizados. Lo que ocurre hoy es
que los alumnos de doctorado concluyen su tesis y cargan por el resto de su
vida un título que demuestra apenas que un trabajo de mérito fue realizado en
el pasado.
o Los profesores deben ser sometidos a concursos periódicos.
Si los diplomas de graduación y de pos-graduación necesitan de revalidación,
los profesores no pueden mantener sus cargos con base en concursos antiguos. La
coherencia exige que los profesores universitarios presten nuevos concursos, en
plazos que permitan demostrar la actualidad de su conocimiento.
o Flexibilidad en el tiempo de duración de los cursos. Si,
por un lado, un alumno no debe jamás llegar al término definitivo de su curso,
por otro, es imposible definir, en términos de un período fijo, el tiempo
necesario para la obtención de los conocimientos básicos para la práctica de
una profesión. Las universidades del siglo XXI no pueden más fijar la duración
de sus cursos. Los alumnos podrán someterse a concursos que determinen su
habilitación para la práctica de la profesión, de acuerdo con su propia
capacidad y con el tiempo que les sea necesario.
o Las referencias bibliográficas deben ser indicadas on-line,
con la propia elaboración del libro por los autores. Hoy en día, la elaboración de muchos libros
demora más que el desarrollo de las teorías contenidas en él. Una universidad
que se basa en libros impresos es una universidad que se atrasa en términos del
conocimiento de punta.
"b) Universidad Unificada. Con esta red mundial, la idea de limitar un
alumno a un curso específico en su universidad de origen se tornó anticuada e
ineficiente. Cada alumno puede formular su propio programa de curso, eligiendo
los profesores y las disciplinas en escala global, en una red que abarca al
mundo entero.
"c) Universidad para Todos. La universidad se convirtió en una entidad
única, debiendo estar abierta a todos.
"d) Universidad Abierta. La universidad del siglo XXI no tendrá muros,
ni un campus físicamente definido. La universidad del siglo XXI será abierta a
todo el planeta. Las clases serán transmitidas por la televisión, por la radio
y la Internet, tornando innecesario que los alumnos estén presentes en el mismo
campus, o en la misma ciudad que el profesor. Los profesores podrán mantener un
diálogo permanente con sus alumnos de todo el mundo.
"e) Universidad Tridimensional. La universidad del siglo XXI tiene, también,
que ser organizada de forma multidisciplinar.
"f) Universidad Sistemática. La universidad del futuro se vincula
universalmente a todas las otras universidades, pero tendrá que vincularse
también con todo el sistema de creación del saber. La universidad deberá
incorporar las instituciones de investigación pública y privada, bien como
todas las organizaciones no-gubernamentales, ligadas a la producción de
investigaciones, deben hacer parte del sistema universitario.
"g) Universidad sustentable. Las universidades deberán ser instituciones
públicas, sean ellas estatales o privadas. La universidad no puede morir por
falta de recursos públicos, ni puede recusar los recursos privados de quien
quiere invertir en ella”.
Visión
de la Universidad del futuro.
La
Universidad que necesitamos para enfrentar con éxito los desafíos del Siglo
XXI. Requerimos:
• Una Universidad que haga realidad la definición de Jaspers
de ser “el lugar donde la sociedad permite el florecimiento de la más clara
conciencia de la época”, organizándose, como propone Habermas, como una
auténtica “comunidad crítica de estudiantes y profesores”;
• Una Universidad que mantenga estrechas relaciones de
coordinación con el Estado, la sociedad civil organizada y el sector productivo
y empresarial; que forme parte de un Proyecto Nacional de Desarrollo Endógeno,
Humano y Sostenible y, contribuya, mediante su visión prospectiva, a configurar
los proyectos futuros de sociedad;
• Una institución que forje, de manera integral, personas y
ciudadanos conscientes y responsables; profesionales, especialistas,
investigadores, artistas y técnicos formados interdisciplinariamente, dotados
de una cultura humanística y científica; capaces de seguirse formando por sí
mismos durante toda su vida; de adaptar sus conocimientos a los rápidos cambios
que se producen en su campo profesional, laboral y científico; de localizar la
información pertinente, evaluarla críticamente, juzgarla y tomar las decisiones
adecuadas;
• Una Universidad que ponga el acento en el aprendizaje de
sus estudiantes y convierta a sus docentes en facilitadores de ese aprendizaje;
• Una Universidad donde sea posible el cultivo desinteresado del
conocimiento pero que también se preocupe por la investigación aplicada a la
solución de los problemas más apremiantes de su sociedad;
• Un centro donde se contribuya a conservar, defender,
acrecentar y difundir los valores culturales propios, se fortalezca la
identidad nacional, y se promuevan la interculturalidad, la “cultura de paz” y
la “cultura ecológica”;
• Una Universidad globalmente competitiva, donde docencia,
investigación, extensión, vinculación y servicios, se integren en un solo gran
quehacer educativo, enriqueciéndose mutuamente, y se apliquen a la búsqueda de
soluciones para los problemas locales, regionales, nacionales y mundiales;
• Una Universidad que promueva la integración regional pero
que, a la vez, incorpore en su enseñanza una visión holística del mundo,
auspicie la comprensión entre las naciones y asuma, resueltamente, la dimensión
internacional que hoy día tienen el conocimiento, la información y la propia
educación superior;
• Una Universidad que asuma críticamente el fenómeno de la
globalización del conocimiento, se integre a las grandes redes académicas y
científicas, y participe activamente en el mundo universitario regional e
internacional;
• Una Universidad comprometida con las culturas de calidad y
pertinencia, que acepte la evaluación por sus pares; practique la
autoevaluación sistemática de todas sus actividades y gestione la acreditación
de sus programas y carreras por agencias oficialmente reconocidas. Consciente
de su responsabilidad social y sin menoscabo de su autonomía, reconozca que
está sujeta a la evaluación crítica de la sociedad por la eficiencia y eficacia
de su desempeño.
• Una Universidad que sepa emplear todos los recursos de la
moderna tecnología educativa, sin permitir que la máquina reemplace al
profesor, salvo aquel, que según Skinner, merezca ser reemplazado por ella;
• Una Universidad que diversifique su población estudiantil y
su oferta de carreras y especialidades e incorpore carreras cortas de nivel
superior, prestigiadas por su identidad académica y por su posibilidad de
permitir salidas laterales al mundo del trabajo y el paso a carreras de larga
duración; introduzca institucionalmente la educación a distancia y virtual, y
ofrezca oportunidades de formación a personas de todas las edades, aspirando a
ofrecer una educación superior para todos y todas y durante toda la vida;
• Una Universidad inserta en la totalidad del sistema
educativo, del cual debe ser “cabeza” y no simple “corona”, preocupada por los
niveles que le preceden, a los cuales debe aportar no solo personal docente
calificado, sino también propuestas para su mejoramiento cualitativo y
didáctico;
• Una Universidad edificada sobre la base de estructuras
académicas y administrativas flexibles, que ofrezca currículos también
flexibles, que comprendan ciclos de competencias generales, básicas,
profesionales, terminales y libres, acompañadas de las destrezas y habilidades
requeridas para cada profesión o especialidad y que propicie la reintegración
del conocimiento y el trabajo interdisciplinario y transdisciplinario;
• En fin, una Universidad donde las ciencias, las humanidades
y las artes encuentren un alero propicio; la innovación, la imaginación y la
creatividad su morada natural, y “la barca del sueño que en el espacio boga” un
lugar seguro donde atracar.



